La muerte de la belleza del trabajo
En los años anteriores a la revolución industrial del siglo XIX, la industria estaba representada por talleres de artesanos que poseían todos los medios que hacían posible la fabricación de un producto determinado, logrando así una economía basada en el trabajo del pueblo, el cual tenía cierta libertad personal y podía incluso adquirir una satisfacción por cumplir con su labor. Tras esta revolución y debido a sus consecuencias, este modelo cambió, aumentó la industria fabril y mecanizada y estos trabajadores se vieron obligados a mudarse a las ciudades en busca de una ocupación que prometía ser mejor que la anterior. Se introdujo un sistema capitalista en el que la producción dependía de una fábrica y los obreros ya no eran los responsables de la manufactura ni poseían el producto final.
Este método de trabajo se fue desarrollando y ha llegado hasta la actualidad. Vivimos en una sociedad en la que una gran mayoría de los trabajadores lo hacen para otro. Cumplen con un papel que se les ha asignado en una empresa, pública o privada, y se limitan a llevar a cabo la tarea especializada para la que están cualificados.
El filósofo Marx, nacido en Londres en 1818 elabora un sistema filosófico, social, económico y político que se basa en el argumento de que el capitalismo es un sistema económico cuya estructura es errónea.
Karl Marx defendía que el hombre es un ser social, que puede alcanzar la felicidad y la plenitud mediante su trabajo. De esta forma, expone que el hombre trabaja para introducir en la naturaleza su esencia, realizándose a sí mismo, mediante la humanización de la naturaleza. El ejemplo más claro es el del artista, el cual utiliza ciertos elementos de la naturaleza para expresarse y crear un objeto, que si así lo desea, podrá comercializar.
De esta manera, Marx crea un concepto que alberga una relación bella entre el hombre y el objeto que ha creado, afirmando que ese es el objetivo real del trabajo y que debido a la alienación provocada por el capitalismo, este fin no se puede alcanzar.
De manera más acentuada, en la actualidad es totalmente imposible lograrlo, debido al capitalismo, y a que este ha logrado introducirse en nuestras vidas y normalizarse totalmente, de forma que no podemos imaginarnos cómo sería la sociedad y el sistema sin él.
Esto ha afectado completamente a aquellos obreros que han decido "salirse" de este sistema, puesto que no han logrado una independencia real, ya que todo su trabajo se ve influenciado por las reglas del capitalismo. De esta manera, un frutero autónomo está compitiendo de manera constante con la frutería de una gran superficie que a su vez, se puede permitir abaratar el precio de sus productos debido a la gran cantidad de ellos que mercantiliza. Los consumidores, por lo general, tenderán a acudir al establecimiento que ofrezca el producto a un menor precio, debido a que esto les permite ahorrar y destinar ese dinero a otras inversiones. De igual forma ocurre con los artistas actuales, que además de competir con grandes marcas, que están en constante movimiento, y cuyos precios son realmente bajos, también se ven expuestos al robo de diseños por estas mismas empresas. Esto provoca un desánimo en aquellos que deciden "ser sus propios jefes", puesto que se ven vapuleados por el gigante opresor que es el capitalismo que hoy en día, tiene todas las de ganar. Aquellos ricos que llevan las riendas del sistema tienen todos los medios para machacar al pueblo, provocar miseria y hacerles más pobres, aumentando así su riqueza.
Como conclusión, el capitalismo en el momento actual es una máquina del caos que ha logrado incluso destruir la única parte del trabajo que podía considerarse buena, que era la satisfacción que se puede sentir al crear un producto por uno mismo, decidir venderlo y obtener un beneficio a cambio. Y esto es debido a la competencia constante y a la oportunidad que ofrece la globalización (provocada por los intereses que recaen en aquellos que se benefician del capitalismo) de comprar algo que a pesar de no tener una buena calidad, tiene un precio muy bajo, provocando que los consumidores continúen avivando la rueda del capitalismo y así, aumentando el consumismo.
Muy bien Claudia, me ha gustado especialmente esta entrada. Buen trabajo este curso en este blog y también en el aula. Enhorabuena!
ResponderEliminarSaludos