La visión epicúrea de la muerte
Al igual que Heráclito, los estoicos afirmaban que todos los seres humanos formamos parte del "logos". Defendían el monismo, para ellos solo existía una naturaleza. Todos los procesos naturales deben ser aceptados con total tranquilidad por los hombres y por ello, los humanos debemos reaccionar con serenidad a la muerte y a la enfermedad. Este comportamiento es similar al que proponían los cínicos, que consistía en ignorar y no preocuparse por la salud ni por la muerte. Como consecuencia de ello, los epicúreos, al intentar evitar toda fuente de dolor y centrarse en todo aquello que les proporcionase placer, afirmaban que a los seres humanos "la muerte no nos concierne". Pero, ¿nos concierne realmente la muerte?, ¿en qué nos afecta esta?, ¿por qué deberíamos preocuparnos por algo que no experimentamos en vida?
Los epicúreos defendían que la meta de la vida era conseguir el máximo placer y vivir padeciendo el mínimo dolor posible. En relación con la muerte y basándose en la teoría atomista de Demócrito, en la que él afirmaba que no había ninguna vida después de la muerte, puesto que estamos formados por átomos y al morir, estos vuelan hacia todas partes; Epicuro afirmó que "la muerte no nos concierne", "mientras existimos, la muerte no está presente. Y cuando llega nosotros ya no existimos".
Esto no es así, la muerte sí nos concierne. Tanto la propia como la ajena. Todos y cada uno de los hombres en algún momento de nuestras vidas padecemos el sufrimiento que supone perder a un ser querido. Todos mostramos preocupación por la muerte, puede que no tanto por la propia, sino por la de alguien de nuestro entorno. Esta deja una herida de difícil cicatrización, por lo que el hombre está intranquilo. Conoce y teme la posibilidad de llegar a sentir este vacío o la posibilidad de causárselo a alguien cercano.
Si los seres humanos ignoramos la muerte, seremos desdichados cuando alcance a alguna persona querida. Si desde un principio la ignoramos, no estaremos lo suficientemente preparados y todo el placer que pudiésemos haber sentido antes, se desvanecerá. Entraremos en un estado repetitivo en el que nada nos causará placer.
Epicuro expone que “es necio quien dice que teme a la muerte, no porque le angustiará al presentarse, sino porque le angustia esperarla”. Por lo que propone ignorarla completamente, pero lo necesario para el hombre no es ignorarla, sino asimilar que ocurrirá, aceptarla. Solo mediante la comprensión de que en algún momento moriremos, podremos aprovechar al máximo nuestra vida y gozar de una mayor cantidad de placeres.
Buena entrada.
ResponderEliminarSaludos